El Shibari me ha enseñado muchas cosas, especialmente a estar presente para la persona con la que ato.

Puedo querer cosas diferentes dependiendo de la persona: hacer seme, sacar mi lado sádico, explorar algo más sexual o simplemente «jugar». Pero, sin duda, intento centrarme en disfrutar con quien estoy. Sin embargo, esto no siempre fue así.

Cuando empezaba a atar, lo que buscaba era replicar algo que había visto online y, de forma inconsciente, conseguir que me quisieran por lo bonitas que eran mis fotos. En definitiva, buscaba likes, como tantas otras personas. No creo que esto sea necesariamente un problema en sí mismo, pero sí que puede ser un síntoma de algo más profundo: la falta de autoestima.

Para mí, el Shibari es un medio para disfrutar con la persona con la que estoy, sea de la manera que sea. Creo profundamente que, si me centro en conseguir una foto o una figura final, pierdo el momento y la oportunidad de conectar con alguien. Esto no significa que de vez en cuando no quiera hacer un shooting, pero hoy en día entiendo que es algo completamente diferente a tener una sesión.

Me da pena pensar que quizá estamos perdiendo el foco de lo que considero verdaderamente importante: compartir un momento de intimidad con quien tenemos delante, ver a esa persona, disfrutar de su compañía y entender su deseo y su placer, sin olvidarnos de nosotros mismos y buscando un equilibrio entre lo que la otra persona desea y lo que yo quiero.

Todo esto surgió a raíz de algo que me dijo mi anterior psicólogo hace algún tiempo: «Puedes preguntarte para qué haces algo». La respuesta fue casi inmediata: «Para buscar que me hagan caso», o lo que es lo mismo, para buscar validación.